EL ESPEJO Y YO

EL ESPEJO Y YO

¿Eres capaz de mirarte al espejo y decirte algo positivo? ¡Ojo! No te pido que sea algo bonito, solo que sea positivo. Con eso me conformo. Mi respuesta a día de hoy es: «menos de lo que debería». Y necesitaba verbalizarlo como una forma de dar visibilidad a que aceptarnos no es trabajo fácil. Sobre todo si vienes de un proceso de cambio físico y mental como el mío donde la vida me ha dado un giro de 180 grados en los últimos años… Pero sobre todo para deciros: QUE NO PASA NADA. Y es que quererse bien no es fácil y requiere tiempo y las herramientas necesarias.

Desde hace unos meses trabajo la psiconutrición y el amor propio con Raquel, psicóloga y nutricionista del equipo de Laura Jorge Nutrición. Y tenía ganas de contaros cómo lo estoy llevando. Y es que a pesar de saber alimentarme, tener un peso saludable, estar activa y sana, en los últimos meses mi relación con la comida y con mi cuerpo había empeorado. Había empezado a dejar de tomar ciertos alimentos por cuestiones mentales, lo que marcaba la báscula me condicionaba, no me miraba al espejo como antes y veía que ingería menos cantidad de comida de la necesaria por miedo… Sabía que no estaba bien pero no podía evitarlo. Por eso decidí contarlo en su momento y ahora he decidido escribirlo.

En la primera sesión hubo una frase que me marcó y desde entonces la he hecho mía. Raquel me pidió que me mirara a diario al espejo e intentará ver lo positivo y añadió: «aceptarte no significa que te guste lo que ves sino que valores lo que eres, en conjunto, dejando de lado cualquier juicio negativo y aceptando tus complejos». Y ahí comprendí que jamás había llegado a esa reflexión a pesar del gran cambio que he experimentado en éstos años. Y desde ese momento intenté cambiar mi forma de verme y ser más benévola conmigo misma. Mirarme mejor, comprender quién soy y rebajar mi nivel de autoexigencia: son los deberes que trabajo a diario desde entonces.

Puede que mucha gente no entienda cómo me ocurre esto ahora si es cuando he conseguido tener un estilo de vida como siempre había querido. Pero no nos damos cuenta muchas veces que estos problemas siguen latentes en nosotros desde que tenemos uso de razón, desde la adolescencia, desde aquel momento que comprendes que el peso, las tallas y ser la «gordita» del grupo va a lastrarte para siempre. Y en mi caso, pasé 27 años de mi vida escondiéndome del mundo y ahora, solo 8 años después, es difícil que todo encaje sin que haya alguna fuga. Y ahora comprendo que esos fantasmas no son malos, son míos y debo aprender a educarlos y a eliminarlos poco a poco de mi día.

Durante este tiempo he intentado relajarme. Mirarme sin prejuicios. Intentar encajar los comentarios bonitos de la gente sin pensar si me estarán mintiendo o no, salir a tomar algo sin pensar en compensarlo al día siguiente con dos kilómetros más, valorar lo que soy más en conjunto que por una cifra de la báscula. No está siendo fácil. Mi cabeza vuelve a veces a la oscuridad pero tengo las herramientas que me ayudan a manejar la situación. Y sé que mi psiconutricionista me entiende, me escucha y no me juzga y eso es un gran paso.

Ilustración Alfonso Casas

Si estás leyendo esto y te sientes identificada: no estás sola. Aunque nadie hable de esto. No estás sola. Es algo normal: tener fantasmas que nos condicionan y también es normal ir a especialistas que nos ayuden a reconducir ciertas situaciones. Sé que aún me queda camino pero el espejo no me da tanto miedo. Sé que no va a ser fácil pero comprendo que el deporte me ayuda a canalizar mis emociones. Sé que esto es un continuo aprendizaje pero no me rindo. Sé que hace falta hablar de esto más y por eso no pienso callarme. No te fustigues por una cifra, una talla o un complejo. La vida se mide por momentos que nos hacen crecer y en los menos buenos reside la esencia de lo que realmente somos. Solo hace falta cambiar tu manera de mirarte.

P.D: dedicado a todas las mujeres que luchan cada día contra sus propios fantasmas y que no cejan en el empeño de encontrar un equilibrio vital que nos haga más fuertes. Más bellas, sobre todo por dentro.

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