PENYAGOLOSA 2019: CUANDO EL DESTINO DICE SÍ

PENYAGOLOSA 2019: CUANDO EL DESTINO DICE SÍ

Hay carreras que llegan para cambiarte. Para revolucionarte por dentro. Aunque tarden más de lo previsto, pero llegan. Hace un año los 60 kilómetros de la MiM de Penyagolosa pudieron conmigo, me vencieron y dejaron una deuda personal que tenía que saldar con aquellas montañas y con esos fantasmas que me decían continuamente que aquella prueba era demasiado grande para mi. Hoy, doce meses después, luzco con orgullo una medalla que representa algo más que una carrera: he podido con aquello que una vez me derribó. Y es que la vida va de eso: de caerse para levantarse con más fuerza que nunca.

El destino quiso que hace unos meses me tocara de nuevo el dorsal por sorteo y pensé que este año tenía que llegar a esa meta sí o sí. Me valdría de la experiencia fallida de 2018 para impulsarme, aunque el miedo de enfrentarme a aquello que me venció estaba presente. Y el 13 de abril llegó y con él todo lo que había luchado entrenando. Y con ganas, determinación y miedo me coloqué en la línea de salida pensando que tenía que luchar con todas mis fuerzas. Tenía que reconciliarme con ese monte y conmigo misma.

En la línea de salida

Dividí la carrera en dos partes con el objetivo de llegar con ganas al kilómetro 40 que fue donde me retiré el año pasado. Salgo optimista, escuchándome, poniendo atención en el suelo, disfrutando del amanecer entre montañas, comprendiendo que aquella aventura era solo mía y me merecía disfrutarla. Las sendas me invitabas a correr, me veía allí trotando mientras subía y bajaba e irremediablemente me acordé de quien era yo cuando empecé en esto. El miedo que me daba todo. Y sonreí. Estaba allí, una carrera durísimas y eso ya era un triunfo.

Fueron pasando los avituallamientos y sin darme cuenta me encontré en Les Useres, kilómetro 31 de la prueba con las piernas intactas, la cabeza respetándome y las ganas a tope. Me comparaba con el año anterior y todo iba mucho mejor. Me notaba distinta, miraba a las montañas y quería adentrarme en ellas, quería seguir avanzando. Sabia que cada paso al frente era uno más hacia la meta.

Avituallamiento 2 – KM22

Avituallamiento 3 – Les Useres

Seguí el camino hacia el siguiente punto. Mi fantasma de 2018, el lugar donde tiré la toalla. Mientras me acercaba mi cuerpo me daba señales de que todo estaba bien, que iba muy entera y que la montaña se estaba portando bien conmigo. A pesar del tramo técnico puedo seguir trotando en algunos tramos, el sol cae a plomo, quema pero yo solo pienso en seguir. Emfrentarme a mi fantasma, plantarle cara y seguir hacia meta. Esa fue sin duda, mi primera meta de este año. Y lo logré: llegué entera, con la sonrisa en la cara y con las emociones a flor de piel. La montaña estaba calando profundo en mi y aún quedaba lo más duro.

Avituallamiento 4 – Torroselles
Amparo, una seguidora, dándome un chute de energía positiva

Objetivo cumplido: con la vista puesta en la segunda parte de la carrera. Esa parte que ya no conocía y que era la más dura. Del kilómetro 40 hasta la meta. Empezaba mi reto y solo quería seguir avanzando hasta el final. Un tramo durísimo de 9 kilómetros para llegar a Xodos. Un tramo lleno de subidas y donde mi cadera izquierda empieza a hacerse de notar con una pequeña molestia a la que no quiero dar importancia. La montaña de Castellón te pone en tu sitio, te hace plantearte muchos momentos de carrera, te merma, te engrandece, te hace encontrarte contigo misma en cada subida y te hace darte cuenta que, a pesar del sufrimiento, merece la pena superarse en una carrera así. Creo que las ultras sirven para valorarnos más, querernos mejor y conquistarnos a nosotros mismos. Xodos aparece de fondo, a lo alto, llegamos al kilómetro 50 y solo puedo llorar de la emoción pensando que la siguiente parada será mi ansiada meta.

En Xodos, con el pico de Penyagolosa de fondo

Diez kilómetros. Tan solo diez. No podía ser verdad. Un año esperando a quitarme esta espinita y estaba muy cerca pero nos quedaba una subida imponente a Penyagolosa que nos desafiaba desde lo alto. Y así fue. Una subida agónica pero con un paisaje impresionante donde el sol se colaba entre los altísimos árboles y el olor a monte lo cubría todo. En el kilómetro 53 mi cadera empezó a doler mucho, la notaba a cada paso como un puñal y me vine abajo. Me agobié, me frustré y no quise pensar que estaba tan cerca para abandonar ahí. En el kilómetro 55 encontramos un avituallamiento donde apareció Cecilia, una voluntaria y fisio que alivio mis dolores y me dio paz para llegar a meta. La paz que tanto necesitaba para afrontar el último tramo de 5 kilómetros.

Empezamos a bajar. Cada vez más cerca del sueño. Se escuchaba la megafonía: la meta estaba ahí ya. No quería llorar antes de llegar pero era inevitable. En esa montaña me había reconciliado conmigo misma, me había hecho ganadora en muchos tramos, me había perdonado tras un año fustigándome por haber abandonado, me sentía reconfortada, exhausta, llena de vida, emocionada… Y al terminar la última senda: la meta. El famoso santuario de Sant Joan de Penyagolosa esperándome. Era mi momento. Todo tuvo sentido. Todo.

Meta Penyagolosa 2019
Gracias por tanto

Solo podía llorar. Mi cuerpo descargó todo en lágrimas y comprendí que en la vida las cosas llegan cuando las necesitas. Y yo necesitaba este año esta meta, este reto y esta superación personal. Los retos me impulsan y Penyagolosa me ha hecho más fuerte. Todo tenía sentido en aquellas montañas: me enfrenté a mis temores y conseguí plantarles cara y vencerlos. Aprendí que lo que merece la pena cuesta mucho conseguirlo, por eso es tan importante. Y comprendí que estamos en esta vida para ponerle pasión a lo que hacemos. Un trozo de montaña se ha quedado en mi para siempre y sé, lo noté, que algo de mi también permanecerá en aquellos caminos angostos. El círculo se ha cerrado y las lágrimas han dado paso a grandes sonrisas cuando cierro los ojos y pienso «lo has conseguido».

DEDICATORIA ESPECIAL: este post no sería posible sin aquellas personas que creen en mi cada día, que no me dejan caer, que me han ayudado a ser quien soy y a llegar donde me propongo. Gracias especiales a Bibi (entrenadora y sobre todo amiga) que ha sufrido a mi lado mis meses de entrenamiento, mis rachas malas y mis dudas. Gracias a Campos por no decirme que no a ninguna locura. Gracias a Laura, mi nutricionista, por cuidarme por dentro para darlo todo en esta prueba. Gracias a mi marido por seguirme, acompañarme y abrazarme en cada avituallamiento. Gracias a todos los que estáis detrás de la pantalla por todo el cariño. Sigo emocionada.

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comments (5)

Tere
14 abril, 2019 Reply

Eres Grande guapa!
Tan grande que te sales de las montañas!.
Enhorabuena.
Y gracias. A mí tus palabras hoy me dan fuerza para seguir.
❤.
Muchísimas felicidades!!

Lola
14 abril, 2019 Reply

Eres un ejemplo a seguir,no cambies nunca...

Eva Cano García
18 abril, 2019 Reply

Qué emoción.
De donde parece que no que nada, que no se puede más, una sola palabra, un pequeño gesto, te levanta y te lleva a meta.
Enhorabuena Erica.
Un fuerte abrazo y nos vemos el sábado.

Esther
20 abril, 2019 Reply

En primer lugar, enhorabuena por tu logro.
Hace poco he empezado a correr de nuevo y aunque todavía tengo dias de mucha pereza, leer tus artículos me animan mucho. Así que gracias y ánimo para seguir.

YAG
9 julio, 2019 Reply

Felicidades.

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